top of page

La magia de los pensamientos de nuestro interior en el invierno

Quienes migramos conocemos bien el término winter depression. Y para quienes acaban de llegar a Alemania —como yo, que llevo siete meses— es importante entenderlo: se trata de la depresión estacional o Trastorno Afectivo Estacional (TAE), una forma de malestar emocional que aparece durante los meses de invierno. La reducción de luz solar, los días más cortos y los cambios en la rutina pueden influir en cómo nos sentimos.


La vitamina D suele ser una aliada para el cuerpo, pero cuando hablamos del ánimo, conviene reconocer algunos síntomas frecuentes: tristeza persistente, cansancio, baja energía, más sueño de lo habitual, aumento del apetito (especialmente por carbohidratos), dificultad para concentrarse y menor motivación para actividades sociales o cotidianas.

Migrar ya es un proceso profundo; vivir el invierno por primera vez puede sumar un reto emocional inesperado. Hablar de ello, comprenderlo y observarlo con honestidad es un primer paso para atravesarlo con más claridad.


Desde la terapia psicológica podemos trabajar este

proceso, y nuestras creencias espirituales también pueden convertirse en un eje de apoyo. Hoy quiero hablarte de los pensamientos, porque nuestra mente es como un jardín: tiene flores que debemos nutrir y malezas que, si no las atendemos, crecen sin control. Esas malezas —los pensamientos que nos restan paz— necesitan ser identificadas y transformadas.

Por eso quiero compartir ocho pensamientos que pueden ayudarnos a vivir el invierno de una manera distinta, más consciente y más amable con nosotros mismos.


1. Siempre estamos a salvo y en protección divina

El invierno pasará, y llegará el verano. Todo pasa. En los días difíciles pueden aparecer

pensamientos catastróficos —los “bomberos mentales”, como los llamo yo— que imaginan escenarios peores de lo que realmente son. Ahí es donde arrancamos la maleza y recordamos que, estés donde estés, puedes sostenerte. Eres creadora de circunstancias favorables y puedes construir seguridad interna.


2. Todo lo que necesitas se te revela

La información que necesitas para avanzar aparece en formas inesperadas: una conversación, un libro, una frase, una actividad, incluso una canción. El invierno nos invita a mirar hacia adentro. Pregúntate qué te está sucediendo en profundidad y observa las respuestas que surgen. No es el invierno: es tu mundo interior revelándose. Escríbelo, reflexiona, obsérvate.

3. La vida es alegre y está llena de amor

Quizás pienses: “Todo menos Alemania es alegre”. Pero dentro de ti

hay una identidad que ya viene cargada de luz. Busca tus pequeños placeres: un café con amigas, un libro, un scrapbook, un abrazo a tu perrita o a tus hijos. No te enfoques en quien va amargado en el transporte; enfócate en quien sonríe. Si el ambiente no es cálido, recuerda que tú puedes ser el ambiente. Rodéate de personas y espacios donde seas celebrada.


4. Amo y soy amada

Podemos vivir desde el miedo o desde el amor. En invierno es normal sentir más tristeza o negatividad, y no se trata de negarlo, sino de recibirlo con compasión. Dale un espacio a lo que duele y luego continúa tu día recordando que eres amada, primero por ti y luego por quienes te permiten ser tú misma. Y por qué no, regalar una sonrisa a quien no conoce la sonrisa.


5. Estamos llenos de salud

En esta época puede haber congestión, resfriados y menos ganas de moverse. Atiende tus necesidades físicas y busca pequeñas formas de activar tu cuerpo: yoga en casa, un poco de cardio, estiramientos. No pienses en el mes entero; piensa en un día a la vez. Hazlo por tu bienestar, porque te quieres y porque cada día puedes sumar una pequeña victoria.

6. A donde quiera que vaya, prospero

Levantarte ya es una ganancia. Presentarte al gimnasio ya es una ganancia. La prosperidad también es mentalidad: reconocer lo bueno del día, lo que te dio orden, lo que pudiste comer, la persona nueva que conociste, la tecnología que te conecta. La abundancia te recuerda que la vida no te quita: te muestra. El invierno no nos roba; nos da espacio para vernos con más profundidad.


7. Estoy abierta al cambio y a crecer

Hoy más que nunca necesitamos una mente flexible. Con los años, la mente tiende a resistirse. Cambia pequeñas cosas: una ruta distinta al trabajo, una actividad nueva, una conversación diferente. Pregúntate: ¿qué cosas de mí ya no son las mismas? ¿Qué versión de mí está naciendo?


8. Todo está bien en mi mundo

No se trata de caer en negatividad tóxica ni en positivismo forzado, sino en un realismo sano. Sí, hay cosas que duelen, pero también hay cosas que están floreciendo. Estar bien no significa ausencia de problemas; significa reconocer lo que la vida te está enseñando. El invierno y el sol son como el yin y el yang: ambos necesarios. Y como todo, también pasarán.

Por último, te animo a escribir tu propio proceso durante el invierno. Dedica unos minutos cada día a plasmar en un cuaderno todo lo que sientes: rabia, dolor, frustración, nostalgia… sin censura y sin juicio, solo para ti. No tengas miedo de ser honesta contigo misma; esa sinceridad es una herramienta poderosa para atravesar momentos intensos.

Escribe tres páginas diarias, vacía lo que pesa, y cuando termines, cierra ese cuaderno y continúa con tu día. Permítete vivir el resto de la jornada desde un lugar más liviano, más presente y más tuyo.


Abrazos, Maria José Agresott - Psicóloga y experta en Crece Mujer




 
 
 

Comentarios


SIENTE LA DIVERSIÓN

¡Gracias por tu mensaje!

SÍGUEME A DONDE SEA

  • Facebook
  • Instagram

Se parte de nuestro blog

crece mujer plantillas_edited.jpg

ARCHIVO VISUAL

bottom of page